justicia por mano propia

Palpo en la oscuridad con cuidado hasta dar con la serpiente dormida. La acaricio para que se estire, confiada. Justo antes de que suelte su escupitajo blanco, la separo del nido velludo. Su chillido alarma a los vecinos. Me caerán doce años, pero no volverá a tocar a mi niña.

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invencible

Me tiran el abrigo del perchero. En el recreo, siempre son pares. Nadie se sienta conmigo en el comedor.
Hoy es diferente. Mamá ha tejido besos, canciones y rayos de sol en mis trenzas. Y cada vez que me molestan, mi venganza es una gran sonrisa. No podrán conmigo.

autor intelectual

He sido vaca, hormiga, rosal, ratón. Nuestras vidas están destinadas a cruzarse en la continuidad kármica, pues somos dos mitades de un solo ser. Cuando vi el cuadro —esa sonrisa discreta, esos ojos esquivos— reconocí su alma a través de océanos de tiempo. Peruggia no tardará en traérmelo al Tíbet.

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Imagen: Mona Lisa

Dolores

Desde el accidente, en su corazón giraban dos penas. El primer dolor era el desgarro de su ausencia. El segundo, su presencia: verla sustituida por aquella copia defectuosa, y sentirse más padre que marido.

Pero sonreía.

Así mantenía alejado el tercer dolor: cuando ella fugazmente era consciente de todo.

adorada

Aún chorrean sus ropajes con las aguas del río Pactolo, a las que ha entregado su áurea bendición. Aún porta en su regia cabeza la corona dionisíaca con la que elevó la última, desesperada plegaria. Aún, horas después, abraza Midas a su amante y salda todos los besos atrasados.

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Imagen: El beso, de Gustav Klimt