…como su padre

Creía que eran imaginaciones suyas, que estaba siendo paranoica, que no podía ser. Sin embargo, todo cambió con aquella visita al pediatra. El mismo diagnóstico. Lo que tenía la niña en las pestañas eran ladillas…

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el juicio final

Al depositar su corazón en la sagrada balanza, resultó que había generado menos sonrisas de las que pensaba. Iba justito también en besos y abrazos.

La cosa era grave. Sin ellos su espíritu no se elevaría, liviano, hasta el cielo. Lo enviaron de nuevo a la Tierra.

frágil como la porcelana

Me acuerdo de aquella vez que dejé caer una de las tazas chinas de la abuela. Ella adoraba ese legado familiar, una de las pocas pertenencias que se trajo del pueblo, pero se limitó a recogerla con un gesto cariñoso y decir que la recompondría de nuevo.

Hoy, cuando el infarto la fulminó como un relámpago, mi padre la recogió del mismo modo, con el mismo mimo. Pero no dijo nada, porque ambos sabíamos que no podríamos reparar aquel corazón hecho añicos.

he terminado el borrador de mi novela

¡Esto no es un microrrelato! Hoy quiero compartir con vosotros una noticia muy especial para mí: anoche terminé el primer borrador de mi novela. Llevaba mucho tiempo trabajando en él, así que estoy muy ilusionada.

Este primer borrador tiene 107.974 palabras. El editor de textos dice que el documento tiene unas 400 horas de edición, pero en realidad han sido muchas más. Diez años desde la primera idea (que surgió haciendo una ficha de rol) y unos cuatro desde que planifiqué un tiempo fijo cada semana a hacerla avanzar.

Dedicaré unas semanas todavía a pulirla antes de irme de vacaciones. Creo que es bastante honesto decir que hay un 70% que considero terminado, un 15% que requiere algunos cambios pero ya es definitivo y otro 15%, el que acabo de concluir, que todavía necesita repaso serio.

A la vuelta, en septiembre, la enviaré a mis lectores beta para que la machaquen sin piedad. Y después… toca llamar a la puerta de las editoriales.

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abrazo de tango

Llega a casa harto de las divas de tacos altos y sus boludeces… pero en cuanto abre la puerta, ese alboroto de cabecitas corretea por el pasillo. Y se enredan en el sofá, y su querida hidra silba a cinco voces «Por una cabeza…» hasta que duerme y olvida.

Nota: Microrrelato escrito para la semifinal de la XXIII edición de Microjustas literarias, en el enlace podéis ver las premisas del mismo y el excelente trabajo que presentó mi rival.