promesas

De niña, nuestro jardín trasero amaneció un día lleno de caracoles. Se le habían escapado a nuestra vecina, que solía cocinar escargots.

Cuando, días después, comentó a mi madre que había dejado escapar al amor de su vida, yo le aseguré que la avisaría en cuanto apareciera por casa.

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energía

Tras la chispa primigenia, cabalgué un huracán de polvo estelar con mis hermanos. Sublimados, formamos este planeta azul. Fuimos luego una planta, que al morir, durmió por siglos en un lecho de arcilla. Los mineros nos despertaron, ya carbón, y hoy nuestras brasas te calientan. Ahora somos tú. Eternos.

dicción imperfecta

Me encanta la forma en la que mi hijo dice «mounstros»: como un concepto total que se apodera de su boca y le obliga a abrir mucho los ojos.

Mañana, quizá pasado, su pronunciación mejorará, su imaginación mermará. Y serán solo «monstruos» que, ya sabes mamá, no existen.

pánico

Agotado de soplar las brisas del amanecer y corretear al abrigo de las sombras del bosque, el divino fauno duerme a pierna suelta su merecida siesta entre los cañaverales. Un pastor sopla el cuerno, perturbando su sueño, y en venganza el dios desata un terror masivo entre su rebaño.