cuarentena

– Senador Kerrigan, muchos de los votantes se preguntan si está a favor de las políticas de cuarentena.
– Interesante pregunta. Verá, en el 91, poco después del Gran Brote, logré llegar a duras penas al Campo de Refugiados de Boston. Un hombre con bata y mascarilla le dijo al capitán al mando que yo no era apto, que no era seguro tenerme allí, y unos granjeros me acogieron en un pequeño campamento.
– ¿Cómo puede ser? Aquel fue el verano de la Oleada. Ninguna de las grandes ciudades de la costa Este se libraron de la infección.
– Exacto. De Boston no sobrevivieron ni las cucarachas: el virus, como sabemos ahora, llegó por el agua, y hubo un brote dentro del campamento. Los granjeros a los que me refería estaban en Lynn, varios kilómetros al norte. La maldita cuarentena me salvó la vida… porque me dejaron fuera de ella.

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