sonámbula

Su marido le mostró la bandera desgarrada y ella compuso gesto contrito. “Y luego, te asomaste a la ventana y aullaste como un indio”. Ella miró las paredes cubiertas de bufandas blancas y aquel póster gigante de Butragueño que tanto detestaba. Tras largo silencio, dijo por fin: “Cariño, tengo algo que confesarte…”

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