Dolores

Desde el accidente, en su corazón giraban dos penas. El primer dolor era el desgarro de su ausencia. El segundo, su presencia: verla sustituida por aquella copia defectuosa, y sentirse más padre que marido.

Pero sonreía.

Así mantenía alejado el tercer dolor: cuando ella fugazmente era consciente de todo.

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escondites

Cuando el tedio del lunes acorrala mi imaginación. Cuando busco mi sonrisa en el espejo, sin encontrarla. Cuando siento la soledad agusanando mi alma enamoradiza.
Entonces… recuerdo que escondí esos pedacitos de mí en mi estantería. Y, cada noche, cobran vida cuando leo mis queridos libros.