pensamientos felices

Peter está mayor. Asomado a la cornisa del geriátrico, coquetea con la locura, y busca sin éxito en la noche estrellada razones para no saltar.
Al caer, ve una centella descender del firmamento para acudir a su encuentro, fulgurante y furiosa.
—¡Campanilla!, ¡llévame a Nunca Jamás! —grita, jubiloso.

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magia primigenia

El Rey del Frío levantó su báculo y fue tocando las estrellas una a una, buscando en ellas las resonancias de la canción de su corazón. Hasta que, por fin, una acarició su oído con un tierno tintineo. Así fue como nació la primera hada de hielo.

los vecinos

Mi abuela los llamaba «la gente pequeña». Les cantaba canciones mientras cortaba leña, les dejaba golosinas junto al fuego, les hacía diminutos trajecitos de felpa. Hoy a la madrugada, en la duermevela, creí divisar cuatro sombreros picudos al otro lado de la ventana. Ellos también querían despedirse.

de incógnito

La azafata había dicho: «Por favor, en caso de accidente, es muy importante que se pongan su propia máscara de oxígeno antes de ponérsela a otra persona». Sentado entre ellos, Él pensó que todavía no estaban totalmente echados a perder, y decidió posponer el Armagedón.

aventureros

—Habéis vivido mil peripecias para llegar hasta aquí. Hallásteis el mapa secreto, derrotásteis a la hechicera malvada, resolvísteis el enigma del sabio loco. ¿Lograréis ahora abrir la cerradura del cofre del tesoro?

El pícaro tira “Cerrajería” y todos contienen la respiración mientras ven rodar el dado de diez.