pánico

Agotado de soplar las brisas del amanecer y corretear al abrigo de las sombras del bosque, el divino fauno duerme a pierna suelta su merecida siesta entre los cañaverales. Un pastor sopla el cuerno, perturbando su sueño, y en venganza el dios desata un terror masivo entre su rebaño.

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desafío

La puerta del cementerio chirría, entreabierta. Bajo los cipreses, el nigromante eleva sus brazos y entona un cántico impío. Los esqueletos se levantan de sus tumbas como peones de ajedrez.
Al otro lado, la hechicera les arranca las ánimas, retuerce sus sombras y aguarda su turno: blancas mueven primero.

los vecinos

Mi abuela los llamaba «la gente pequeña». Les cantaba canciones mientras cortaba leña, les dejaba golosinas junto al fuego, les hacía diminutos trajecitos de felpa. Hoy a la madrugada, en la duermevela, creí divisar cuatro sombreros picudos al otro lado de la ventana. Ellos también querían despedirse.

de incógnito

La azafata había dicho: «Por favor, en caso de accidente, es muy importante que se pongan su propia máscara de oxígeno antes de ponérsela a otra persona». Sentado entre ellos, Él pensó que todavía no estaban totalmente echados a perder, y decidió posponer el Armagedón.