refugiados

Leímos que los gorriones de ciudad estaban desapareciendo y decidimos instalar en el jardín pequeñas casetas de madera para que anidaran.

Cuando fuimos a limpiarlas la primavera siguiente, descubrimos una familia de gnomos sentada a comer, con la tele puesta y el gorrión aparcado en la puerta trasera.

 

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pánico

Agotado de soplar las brisas del amanecer y corretear al abrigo de las sombras del bosque, el divino fauno duerme a pierna suelta su merecida siesta entre los cañaverales. Un pastor sopla el cuerno, perturbando su sueño, y en venganza el dios desata un terror masivo entre su rebaño.

los vecinos

Mi abuela los llamaba «la gente pequeña». Les cantaba canciones mientras cortaba leña, les dejaba golosinas junto al fuego, les hacía diminutos trajecitos de felpa. Hoy a la madrugada, en la duermevela, creí divisar cuatro sombreros picudos al otro lado de la ventana. Ellos también querían despedirse.