pensamientos felices

Peter está mayor. Asomado a la cornisa del geriátrico, coquetea con la locura, y busca sin éxito en la noche estrellada razones para no saltar.
Al caer, ve una centella descender del firmamento para acudir a su encuentro, fulgurante y furiosa.
—¡Campanilla!, ¡llévame a Nunca Jamás! —grita, jubiloso.

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punto de giro

– Hija, ¿voy a por los niños al cole?

– Gracias, mamá, no hace falta.

– Hice lentejas, ¿te llevo un “tupper”?

– No, gracias, estamos a dieta.

Cuando cuelga el teléfono, la abuela mira a su marido y le dice:

– ¿Cuándo nos volvimos innecesarios, Pepe?