1915

Recuerdo ese año con horror. Aquellos parajes castigados día y noche por el fuego de artillería, aquellas alambradas. Los hombres se hacinaban en trincheras de las que emanaba un olor nauseabundo. Llegaba sin ser vista, hacía mi trabajo y me iba con mi guadaña. Y luego volvía. Siempre volvía.

duda milenaria

– Deseo que me concedas infinitos deseos.
– Disii qui mi quincidis infinitis disiis.
Lo de «deseo que seas libre» solo pasaba en los cuentos, se dijo el genio. Tras siglos en aquella lámpara, dudaba que ahí afuera hubiera alguien capaz de desear tan solo el bien ajeno.

emocionario

Doña Clotilde descubrió la cortina, dejando ver aquellos estantes que me fascinaban. Tarros de cristal de los más diversos tamaños y formas dejaban ver sus preciadas golosinas, únicas en el mundo. Mágicas. Leí las etiquetas: suspiro, gozo, nostalgia… aquel día le pedí júbilo. Al saborear la gominola, emití un grito risueño.

memoría

La botella fue mi medicina durante años: bebía hasta que los dolores desaparecían. ¿Disgustos o problemas? Todos los ahogaba en vino. Tras el enésimo ultimátum de mi familia, y varios intentos, conseguí dejarlo. Pero un día el médico me dio la mala noticia: “El cuerpo tiene memoria”. Me moría.