un rayo de luz

Una vocecilla infantil alcanza el mostrador:
— Po favo, dosss heladossss.

Le sigue una cascada de risas adultas, y él sonríe en la oscuridad.
—¿Qué añitos tienes?
—¡Dossss!
—No tengo helados, ¡pero lo has pedido muy bien!
—¿Y… uno? —regatea.
—Cariño, yo solo tengo cupones de lotería.

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muletilla

Durante su diatriba, mi jefe remata cada frase con esa odiosa interjección, creando un estribillo desagradable. No lo soporto más y me hago el tonto, en un pase cambiado que es un eco de su burda retórica:
-¿Eh?
Apenas veo venir el estoque:
-¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?.